
Por Cont. Facundo Guillot

“La chancha y los veinte, no se puede.”
Introducción:
En la cultura popular, el refrán “La chancha y los 20 no se puede” se utiliza para recordar una verdad sencilla: no siempre es posible quedarse con todo. La frase suele aparecer cuando alguien intenta obtener todos los beneficios al mismo tiempo sin aceptar los límites de la realidad.
En el mundo empresarial, esta enseñanza adquiere un sentido muy concreto. Las empresas operan con recursos finitos —dinero, tiempo, capacidad operativa— y cada decisión implica priorizar unas acciones sobre otras. Comprender este principio es especialmente importante para las PyMEs, donde las elecciones estratégicas pueden determinar el futuro del negocio. Este refrán recoge una realidad que enfrentan todas las empresas, en especial las pequeñas y medianas: los recursos son limitados y las elecciones que se hacen determinan el rumbo del negocio.
Cuando una PyME intenta crecer sin planificación, busca expandirse, mejorar su infraestructura, invertir en marketing, contratar nuevos colaboradores y, al mismo tiempo, mantener precios competitivos y retirar utilidades significativas, cae en la trampa de querer la chancha y los 20. El resultado suele ser un agotamiento financiero, desorden administrativo y frustración. Por eso, entender la importancia de la priorización es clave para que una empresa avance de manera sostenible.
UN CUENTO PARA PENSAR
I. Preludio de un problema: querer crecer sin renunciar a nada
Imaginemos a Jorge, dueño de una fábrica de muebles en Mendoza. Su negocio lleva años funcionando bien. Tiene buena reputación por la calidad de sus productos, pero la competencia se vuelve más dura y el mercado está cambiando hacia ventas en línea y productos sustentables. Jorge siente la presión de modernizar su planta, renovar maquinaria para ser más eficiente, invertir en marketing digital, expandirse a nuevos mercados y, además, quiere aumentar su salario personal porque su familia creció y tiene mayores responsabilidades. Al mismo tiempo, no está dispuesto a subir los precios porque teme perder clientes.
Cuando se encuentra con su consultor de negocios, plantea todas estas necesidades. (Este escenario es frecuente en las PYMEs argentinas: empresarios con visión y ganas de crecer, pero sin un plan que considere la disponibilidad real de recursos). El profesional le recuerda a Jorge el refrán: “la chancha y los 20 no se puede”. Es imposible afrontar todas esas inversiones y exigencias simultáneamente sin poner en riesgo la estabilidad financiera del negocio.
II. La primera reacción, la más lógica: el esfuerzo y el miedo a perder oportunidades.
La respuesta inicial de Jorge es emocional: siente que su esfuerzo por años amerita que pueda sostener su estilo de vida mientras invierte y mejora la empresa. Piensa que si no lo hace todo ahora, la oportunidad se le escapará. Esta reacción es comprensible, pero conduce a decisiones precipitadas y a la tentación del endeudamiento excesivo. La ansiedad de no quedarse atrás puede nublar el análisis racional.
Aquí es cuando el refrán opera como un recordatorio: toda elección implica renunciar a algo. La madurez empresarial se demuestra al saber qué posponer, qué priorizar y cómo asignar los recursos disponibles para crear valor. Las empresas que logran esto son las que crecen con estabilidad y pasan de ser un proyecto personal a una organización consolidada.
La economía de las decisiones: recursos finitos y costo de oportunidad
I. Costo de oportunidad
En economía, el costo de oportunidad es el valor de aquello a lo que se renuncia cuando se toma una decisión. Si una PyME utiliza sus ahorros para comprar maquinaria, renuncia a invertir en marketing o en desarrollo de un nuevo producto. Si decide aumentar los salarios antes de incrementar las ventas, pospone la inversión en tecnología. Reconocer este concepto es esencial para no caer en la ilusión de “poder hacerlo todo”.
Cada inversión tiene un retorno y un riesgo. El capital de trabajo —la liquidez necesaria para operar— es limitado. Asumir que los recursos son finitos no es pesimismo; es realismo. El empresario debe evaluar las opciones y elegir la que aporte más valor en relación con los objetivos de la empresa. Un análisis financiero riguroso ayuda a identificar qué proyectos son prioritarios y cuáles deben esperar.
II. Restricción presupuestaria: presupuesto y flujo de fondos
Otra herramienta técnica para entender el refrán es la restricción presupuestaria. En términos simples, es la línea que marca cuánto puede gastar la empresa según sus ingresos y su capacidad de endeudamiento. Exceder esa línea implica asumir deudas que pueden volverse impagables o comprometer la liquidez diaria. Las PYMEs que no respetan su restricción presupuestaria suelen recurrir a créditos caros, descubiertos bancarios y financiamiento informal, que luego las atrapará en un ciclo de pagos de intereses y faltas de liquidez.
El flujo de fondos proyectado es la herramienta más práctica para observar la restricción presupuestaria. Consiste en anticipar mes a mes las entradas y salidas de dinero, identificando cuándo habrá excedentes o déficits. Con esta información, la empresa puede planificar inversiones, programar pagos, priorizar proyectos y, sobre todo, evitar sorpresas. Cuando Jorge, nuestro fabricante de muebles, proyecta su flujo de fondos, descubre que su caja actual no soporta todas las inversiones que desea. Aquí la frase “la chancha y los 20” se transforma en un dato objetivo: no hay caja suficiente para todo, al menos no al mismo tiempo.
III. Capital de trabajo y financiamiento responsable.
El capital de trabajo es el dinero necesario para operar el negocio en el corto plazo. Incluye el pago de salarios, proveedores, servicios y otras obligaciones. Cuando una empresa lo descuida, enfrenta el riesgo de no poder cubrir sus compromisos. Una PyME que decide simultáneamente comprar maquinaria, invertir en marketing y aumentar salarios puede quedarse sin capital de trabajo. Esto la fuerza a endeudarse o a retrasar pagos, generando multas, intereses y pérdida de reputación.
El financiamiento puede ser una herramienta útil si es planificado. Existen líneas de crédito que apoyan a las PYMEs con tasas competitivas y plazos adecuados. La clave es asegurar que el retorno de la inversión sea superior al costo del crédito. Cuando Jorge evalúa comprar maquinaria con un crédito a tasa razonable y calcula el incremento en productividad y ventas, puede que la inversión se justifique. En cambio, si financia todo a la vez, es probable que no logre cubrir las cuotas y desfinancie el negocio.
continúa,

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